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Queridos Todos:
Con muuucho trabajo, pero comprometiéndome conmigo... y con ustedes, les envío un email que envié hace un tiempo.
¡Los reamo a todosssssss!
Gabby
¡Sigo trabajando!!!
PARA LEER LA VERSIÓN WEB DE ESTE MENSAJE, CLICK:
http://www.corporativomexico.com/gabriela/bolillo.html
Una vez, tiempo atrás, existió un perro
llamado Bolillo. Por azares de la vida, Bolillo tuvo que enfrentar muchos
problemas en los que se sentía perdido. Creía que nadie podía entender lo que le
pasaba y que nadie había sufrido como él. No lograba encontrar
era la
vida de Bolillo.
Un día iba caminando Bolillo por la calle, pensando en
todos sus problemas, cuando al pasar observó que había muchos perros reunidos,
hablando de problemas que se asemejaban a los de él. Esto llamó su atención y se
quedó, desde fuera, escuchando todo lo que ahí se hablaba. Y así hizo al
día siguiente y también al otro. Los demás perros ya se habían dado cuenta de la
presencia de Bolillo, pero no hicieron nada, pues era Bolillo el que debía tomar
la decisión de acercarse.
Un día, Bolillo estaba parado de nuevo fuera del lugar,
cuando escuchó que quien quisiera hablar de sus problemas podía hacerlo en ese
momento. Bolillo vio esto como su oportunidad y, levantando su patita, pasó e
hizo uso de la palabra. ¡Por fin Bolillo había encontrado la medicina
que tanto había estado buscando! Estaba hablando de su experiencia sin ser
juzgado. Le estaban prestando atención a todo lo que quería decir de su vida y
sentimientos. Cuando terminó de hablar estaba en verdad animado. Sintió un
alivio enorme, como si hubiera tirado una gran loza que todo el tiempo trajera
cargando en su espalda.
Bolillo se dio cuenta que no era el único, pues había más
perros como él. A partir de ese momento, Bolillo no dejó de asistir al grupo. Le
explicaron que a ese grupo iban perros que sienten que tienen algo en común,
problemas y sentimientos similares y que se trataba de que todos fueran saliendo
adelante; que nadie se quedara atrás. Eso era lo que estaba buscando Bolillo,
más perros que sintieran y vivieran lo que él y que le ayudaran a salir de los
problemas.
Encontró por fin un lugar en el que se sentía a gusto. Se identificaba y podía hablar de su vida. Se sentía importante, porque así lo hacían sentir los demás perros. Participaba en todas las actividades. Se sentía con voz y voto. Bolillo no dejó de tener problemas, pero le parecían más fáciles de afrontar, pues había quien le ayudara a cargar el peso que antes llevaba sólo. Aprendió el valor de la ayuda psicoterapéutica grupal, pues después el también tuvo oportunidad de observar como llegaban más perros con las mismas ideas que él tenía hacía mucho tiempo. Su experiencia personal sirvió para que otros perros supieran que no están solos; que hay más perros que han vivido cosas similares y que cuando se dan la pata, pueden llegar muy lejos. Más lejos de lo que llegaría uno solo.
Ojalá que la historia de Bolillo sea útil para alguno de mis lectores.
Los reamo
Gabby
Dic. 2009