Señor:
Aquí te presento a mis hijos para que los bendigas, las cuides y les enseñes a vivir... aunque te prometo hacer mi parte. Tú que sabes lo que viven, lo que les preocupa, lo que sienten, lo que piensan, lo que anhelan, lo que les falta y lo que desean. Tú que sabes cuando lloran, cuando ríen, cuando se sienten solos, cuídalos, protégelos, anímalos a seguir adelante; acompáñalos siempre...
A mí, Señor; enséñame a presentir lo que sienten dentro de ellos, a estar disponible cuando más me necesiten, a ser amable cuando más necesiten ser amadas, a verlos cuando necesiten ser vistos, a oírlos cuando necesiten ser oídos, a darles seguridad cuando necesiten sentirse seguros, a cuidarlos cuando necesiten ser cuidados, a acudir cuando necesiten de alguien, a ayudarlos cuando necesiten ayuda, a celebrar con ellas cuando estén contentas, a llorar cuando tenga necesidad de desahogarse, a sentirme siempre orgullosa de ellos.
Porque tu has sido, Señor, el gran padre incondicional de tantos.
AMÉN.