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Febrero 18. Desapego

Para definir desapego, primero hay que entender qué es el apego: “El apego es un estado emocional de dependencia a una cosa, a una situación o persona”. Está claro que cuando nacemos dependemos de los demás para nuestra supervivencia y por eso el apego es tan importante.


El apego en la infancia es necesario para crecer porque nos nutre, sobre todo, emocionalmente y nos ayuda a salir al mundo de forma más segura. Pero este apego puede convertirse en necesidad del otro para sentirme segura y esto en la edad adulta es el origen de toda codependencia. El apego a una persona, a una situación o a una cosa puede llevarme a pensar que es imprescindible en mi vida y eso tarde o temprano, me hará sufrir y depender. Si dependo de algo o de alguien, dejo de ser libre. Recuerda: Quien depende, no elige.



Hay muchas relaciones tóxicas que se originan en un mal apego y una dependencia emocional. La pregunta importante aquí es ¿entonces el apego es bueno o malo? Pues, una vez más, constato que una misma cosa puede ser mala y buena a la vez. La droga también es medicina, el alcohol no es malo si lo usamos con medida. El apego es necesario para crecer, para sentirnos seguros, para nutrirnos emocionalmente y su función es que seamos adultos autodependientes.


Pero lo sano es que todo apego debería dar paso al desapego tarde o temprano. Yo no puedo depender de mis padres toda la vida para sentirme seguro porque es probable que los pierda en el camino. Nada dura para siempre, por lo tanto, si yo me aferro a algo y lo pierdo, sufriré. Porque esto es una realidad: La gente muere o te abandona.


El desapego mal entendido puede parecer puro egocentrismo, pero nada más lejos de la realidad. Practicar el desapego no significa romper vínculos con todo aquello que es importante para mí, ni siquiera significa dejar de tener objetivos o de querer cosas. Más bien significa que, aunque yo quiera algo, no lo necesito para vivir feliz.

Pondré un ejemplo: Yo puedo aspirar a tener una casa más grande, pero puedo a la vez aprender a apreciar la que tengo, a valorar lo que tiene de bueno, a mejorar lo que no me gusta, a agradecer la suerte de tener un techo y entender que, aunque quiera una casa más grande, no la necesito para vivir. Esta casa que tengo ahora ya me hace feliz, cumple con todas mis necesidades. Tal vez, algún día me compre una casa más grande, pero, aun así, no habré vivido solo pensando en eso, habré disfrutado del camino. O tal vez, nunca me la compre y aun así sea feliz con lo que tengo.


Este es el poder del desapego, y las mujeres que nos amamos demasiado lo sabemos. No dejamos de querer cosas o personas, simplemente elegimos conscientemente no forzar. Sabemos que, si forzamos, no es nuestra talla. Y lo aplicamos a pantalones, blusas, cinturones y relaciones. Eliminamos los excesos que nos atan y no que no nos dejan vivir libres.


¡Te deseo un día tan maravilloso y lleno de reflexión como elijas tenerlo!


Licenciada en psicología, por la UNAM, cédula 3275699, especialista en psicología positiva, adicciones emocionales (codependencia) y miembro TITULAR de la Sociedad Mexicana de Psicología A. C.

Desde el 2004, dirige el Centro de Educación Emocional y Servicios Psicológicos VivirLibre.org.


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Gabriela Torres de Moroso Bussetti, psicóloga
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